Cuando se le pregunta a Juan Correa, doctor en Biología
con mención en Biología Marina de la Universidad de
Dalhousie, Canadá, por qué escogió estudiar las macroalgas
marinas, responde con certeza: “porque son organismos
que representan la base de las cadenas tróficas en
ambientes acuáticos y cuya diversidad estructural
y fisiológica las hacen extraordinariamente atractivas
para estudiar una gran variedad de problemas biológicos,
a niveles de organización, que van desde celulares
y bioquímicos hasta poblacionales y comunitarios”.
Su interés en macroalgas marinas se inició hace
veinte años, siendo pionero en mirar con ojos experimentales
las enfermedades infecciosas en algas, tema que
desarrolló como parte de su tesis doctoral. Existen,
sin embargo, un número de patologías descritas en
algas que se asocian a factores abióticos, incluyendo
disfunciones inducidas por metales pesados. Así,
el dr. Correa, actualmente subdirector del CASEB,
centro albergado al interior del Departamento de
Ecología de la Pontificia Universidad Católica de
Chile, analiza la tolerancia de las macroalgas frente
a contaminación por metales, especialmente cobre.
En la década de los ochenta, los estudios relacionados
con patógenos en macroalgas marcaron el inicio de
una era de investigación experimental, período en
donde el doctor participó, junto a investigadores
canadienses, evaluando el nivel al que los efectos
de estos patógenos se manifestaban en sus hospederos.
Por primera vez se cuantifican los niveles de infección,
se cuantifica y caracteriza el daño celular y tisular,
y se postulan los posibles mecanismos involucrados
en el reconocimiento y especificidad en estos sistemas
patógeno-hospedero.
Sobre la base de este conocimiento, y a su regreso
al país el año noventa, Correa inició su investigación
al interior del Departamento de Ecología. Relata
Correa: “la pregunta que nos formulamos fue cómo
relaciones hospedero-patógeno se comportan en nuestros
sistemas naturales, ya que la mayor parte de la
información disponible provenía de experimentación
en laboratorio. Así, esperábamos comprobar si los
efectos negativos de las infecciones a nivel del
individuo se expresaban a nivel de las poblaciones
naturales de los hospederos. En este contexto, nuestro
esfuerzo se concentró en cuantificar las tasas de
infección en distintas poblaciones de algas y evaluar
si dichas infecciones tenían alguna repecursión
sobre los hospederos en términos de afectar sus
capacidades reproductivas y de sobrevivencia.
Clarifica el investigador: “en el proceso de
entender el nivel de especificidad de las infecciones
y los mecanismos involucrados en su determinación,
surgió evidencia experimental de laboratorio donde
se constató, en colaboración con un grupo de científicos
franceses liderados por el doctor Bernard Kloareg
(Station Biologique, CNRS-Université Paris 6, Roscoff),
que las relaciones patógeno-hospederos pueden ser
extremadamente específicas, al punto que los componentes
polisacáridos de las paredes celulares de las algas
hospederas definen la tolerancia o susceptibilidad
a un patógeno determinado.
Luego de una serie de estudios que apuntaron
a reconocer la dinámica de las relaciones entre
patógenos y hospederos en poblaciones naturales
del alga roja Mazzaella laminarioides, el equipo
de investigadores liderados por Correa descubrió
que al transplantar hospederos de una latitud a
otra, éstos nunca alcanzaban los niveles de infección
presentes en los individuos de la misma especie
en la localidad receptora. Este hallazgo gatilló
el cuestionamiento a la generalización de que las
macroalgas poseían una capacidad de dispersión tal
que las poblaciones de algas separadas por grandes
distancias geográficas correspondían, en realidad,
a un solo gran pool genético, relativamente homogéneo
entre las distintas poblaciones. Posteriores estudios,
en conjunto con los doctores Enrique Martínez y
Sylvain Faugeron, demostraron una alta estructuración
genética de las poblaciones del hospedero (i.e.
individuos alejados por apenas decenas de metros
ya muestran ser genéticamente diferentes), lo que
ayuda a explicar el patrón de infección caracterizado
por grupos discretos de individuos muy infectados,
dispersos en grandes áreas donde las infecciones
son casi imperceptibles.
Algas metalizadas
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El alga roja Mazzaella laminarioides cubriendo
los roqueríos en la zona intermareal de
Pelancura, Chile central. Portada del trabajo
ganador del premio Luigi Provasoli, de la
Phycological Society of America al mejor
trabajo publicado durante 1999, en el cual
el Dr. Correa participó junto al Dr. B.
Santelices, y los estudiantes D. Aedo, V.
Flores, M. Hormazabal y P.Sánchez.
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Aprender sobre las adaptaciones y respuestas
de las macroalgas a sus patógenos (agentes bióticos),
sirvieron de base para abrir una nueva línea de
investigación enfocada en dilucidar el efecto disruptor,
sobre la diversidad de los ensambles de algas, ejercido
por el enriquecimiento en metales que afecta las
aguas costeras en puntos usados para la descarga
de desechos de la minería del cobre. En este estudio,
financiado inicialmente por la International Copper
Association (ICA) y ahora por Fondap, participan
el doctor Juan Correa, como investigador responsable;
co-investigador el doctor Enrique Martínez, a cargo
del área de genética poblacional; además, cuenta
con el apoyo de alumnos, ayudantes de investigación,
técnicos y post doctorados.
En esta nueva línea se estudia cuál es el comportamiento
de las macroalgas frente al cobre, el principal
metal aportado por los relaves mineros, los cambios
secundarios que sufre la estructura de las comunidades
bentónicas en los sitios impactados, y eventualmente,
las posibilidades de recuperación natural de dichos
sistemas.
El doctor Correa argumenta: “el cobre es un elemento
imprescindible para la vida, las plantas y animales
no pueden existir sin este metal, pero sobre cierto
nivel éste se transforma en un agente tóxico, afectándolos
en distintos aspectos de su fisiología. Lo que en
CASEB intentamos comprender es cómo los desechos
ricos en cobre, que han ocurrido en algunos lugares
de la costa nortina, han desequilibrado estos sistemas,
y cómo algunas especies dan cuenta de dicho impacto”.
Para explicarlo, se están aplicando aproximaciones
que van desde aquellas a niveles bioquímicos hasta
otras a escala comunitaria. Para este investigador
es claro que la brusca caída de la diversidad biológica
fue causada por los relaves iniciales, en la década
de los ‘40. Lo que aún permanece sin respuesta,
sin embargo, es qué mantiene el sistema en su actual
nivel de baja diversidad biológica. El mismo ejemplifica:
“estos sistemas presentan una baja en el número
global de especies de algas y de invertebrados con
un incremento paralelo muy significativo en la abundancia
de unas pocas especies”.
“Esta es la visión macro, continúa el doctor
Correa, pero para entenderla necesitamos conocer
los mecanismos que utilizan los distintos organismos
para sobrellevar este enriquecimiento por cobre
que a todas luces, según la literatura internacional,
excede los niveles que estos organismos pueden tolerar”.
Según estos estudios, los niveles normales de
cobre en aguas costeras debiera estar por debajo
de un microgramo por litro. El sistema costero analizado
por los investigadores del CASEB registra concentraciones
por sobre los 30 microgramos por litro, llegando
en algunos zonas a 120 microgramos de cobre por
litro en puntos vecinos a las descargas. Aclara
el investigador: “uno de los elementos centrales
para comprender el efecto de dichos niveles de metal
es, por una parte, evaluar cuánto de dicho metal
está realmente biodisponible, es decir, cuál es
la fracción que puede ser incorporada por el organismo
y, eventualmente, causar un efecto nocivo. La biodisponibilidad,
en cambio, está fuertemente determinada por las
características físico-químicas de la columna de
agua donde se encuentra disuelto el metal, y muy
especialmente la existencia de materia orgánica.
Por ello, en especial en sistemas marinos costeros,
es esperable un alto grado de heterogeneidad espacial
en biodisponibilidad debido a la influencia de factores
locales sobre la disponibilidad real del metal a
los organismos”. Otro factor fundamental para entender
las relaciones entre la biota y metales en general
es la historia evolutiva de los organismos involucrados,
sentencia.
Aportes
En relación al daño que producen los relaves
mineros sobre las macroalgas, una de las preguntas
que requiere ser respondida es si estos organismos
se pueden recuperar o no teniendo en cuenta los
niveles actuales de enriquecimiento por cobre en
los sitios impactados. Juan Correa responde: “si
uno basa sus predicciones en las respuestas de especies
hipersensibles tradicionalmente usadas en bioensayos
de laboratorio, la conclusión es que nuestros ensambles
nativos de macroalgas difícilmente se recuperarán
en el mediano plazo. Sin embargo, nosotros hemos
demostrado que las especies de macroalgas chilenas
tienen una capacidad de tolerancia por sobre la
que se ha reportado para las mismas especies en
otras latitudes y esto se podría explicar por la
composición de nuestra corteza terrestre, rica en
minerales, que mantiene las aguas costeras con niveles
de cobre naturalmente altos. Si se piensa en términos
evolutivos, es posible plantear que dichos niveles
naturalmente altos habrían operado como presión
de selección para generar organismos mucho más tolerantes
que sus parientes en otras latitudes.
Pero esto es una parte del hallazgo. Afirma Correa:
“experiencias que hemos realizado usando transplantes
nos indican que macroalgas adultas provenientes
de lugares no impactados son capaces de tolerar
los altos niveles de metales existentes en los sitios
de descarga, lo que concuerda con nuestras predicciones
de alta tolerancia basada en resultados de laboratorio.
A pesar de esto, dichas especies permanecen ausentes
de los sitios impactados. Por ello, lo importante
ahora es entender no sólo los mecanismos de tolerancia
a metales en aquellas especies presentes en los
sitios impactados, sino también cómo las estrategias
reproductivas y de dispersión de esporas en las
especies aún ausentes limitan sus posibilidades
de recolonización de las áreas impactadas.
Los avances de esta investigación tienen entusiasmado
a Correa y a su grupo de investigación porque paulatinamente
han ido descifrando los mecanismos fisiológicos
de tolerancia a metales en macroalgas y entendiendo
cómo éstos se conjugan con las estrategias de reproducción
y dispersión de las especies involucradas. A su
vez esta información permite comenzar a entender
los factores que determinan la mantención de los
patrones de diversidad biológica de los lugares
que aún se encuentran bajo los efectos de relaves
mineros y sus posibilidades futuras de recuperación
natural.
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