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Profesor de la UC, Juan Carlos Castilla pasa
a integrar, por estos días, las academias
de Ciencia de Chile y de Estados Unidos.
Foto:Claudio Vera
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La estrella de mar fue una de las primeras especies
marinas con las que "dialogó" Juan Carlos Castilla.
" Mi tesis de doctorado en Gran Bretaña trató sobre
ellas. Al ser importantes ecológicamente en su rol
de depredadoras, traté de investigar si se podían
adaptar para que comieran cierto tipo de alimento
y no otro. Finalmente logré probar que se podía
lograr el "acondicionamiento ingestivo". Siempre
me ha interesado la conducta animal, aunque sean
invertebrados muy simples. Conversar con ellos,
hacerles preguntas en base a experimentos y predecir
sus respuestas".
Desde entonces, Castilla, quien inició su carrera
titulándose en la U. Católica como profesor de Química
y Ciencias Naturales, ha buceado -literal y metafóricamente-
en profundidades cada vez mayores de nuestro ecosistema
marino. Doctorado en la Universidad de North Wales
y con un posdoctorado en ecología marina en la Universidad
de Duke, tiene a su haber una Cátedra Presidencial
en Ciencias, más de 180 publicaciones en revistas
científicas y es parte del programa Fondap en Estudios
Avanzados en Ecología y Biodiversidad de la UC.
En Chile ha desarrollado toda su carrera en la Universidad
Católica. De hecho, es el primer profesor de la
institución en convertirse en miembro de la prestigiosa
Academia de EE.UU. donde ya figuran los investigadores
nacionales Ramón Latorre, Mary Kalin Arroyo y Jorge
Allende.
En total, participan allí 1.922 científicos de EE.UU.
y 341 extranjeros asociados, los que pertenecen
a grupos de estudio que emiten opiniones sobre los
temas que dominan.
- Usted ha investigado los mares de gran parte del
planeta. Desde esa perspectiva, ¿es un mito o una
realidad la riqueza del mar chileno?
"No es un mito. Chile y Perú son países privilegiados
en lo que llamamos "productividad primaria". La
producción de sardina y anchoveta de Chile y Perú
constituye el 20 por ciento de lo que produce todo
el mundo en harina de pescado".
- ¿Y por qué este fenómeno?
"Nuestras costas, desde Arica hasta la zona central,
constituyen una zona de alta surgencia. Las surgencias
son masas de agua que emergen desde el fondo del
mar y al elevarse arrastran sedimentos y nutrientes.
Están fertilizando el mar naturalmente. Es un fenómeno
que tiene que ver con muchos elementos: lo angosta
de nuestra plataforma continental, la corriente
de Humboldt, la dirección de la costa, los vientos
predominantes. Esto cambia al sur de Puerto Montt.
Pero allí, en cambio, el resguardo de los fiordos
da facilidades extraordinarias para el desarrollo
de la acuicultura".
- Dicen que los mariscos chilenos son más ricos
por el agua fría.
"Lo que sucede es que las surgencias traen a la
superficie aguas de mayor profundidad, que son más
frías y con más nutrientes. Eso genera más filoplancton
y, por ende, más zooplancton y más peces. Algo parecido
sucede en las costas oeste de California y Sudáfrica,
que, al igual que las chilenas, tienen plataformas
continentales estrechas, lo que implica que alrededor
de los 5 kilómetros ya aparecen profundidades importantes.
Argentina, en cambio, posee una plataforma continental
muy extensa, de alrededor de 200 kilómetros mar
adentro".
- Sus estudios lo han puesto en contacto con pescadores
artesanales, especialmente buzos y mariscadores.
¿Cuál es su impresión de ellos?
"Ha sido una relación con sorpresas y aprendizajes.
Si uno no los entiende como cazadores y quiere transformarlos
de la noche a la mañana en agricultores o cultivadores,
se va a encontrar con muchos problemas. Ellos salen
a cazar igual como lo hacía el hombre en la prehistoria.
Buscan su alimento y exponen su propia vida. Son
muy independientes, autónomos y desconfiados, aunque
cuando se organizan se imponen normas que respetan.
Conocen más que nosotros del mar. Saben perfectamente,
por ejemplo, que si dejan reposar ciertas zonas
la productividad después va a ser mayor".
La seducción del piure
Pausado y riguroso, Castilla (63) ya no bucea como
antes, aunque confiesa que sigue manteniendo una
relación obsesiva con el mar chileno. "Es difícil
que me relaje si voy a la playa en Chile. Siempre
veo el mar como objeto de estudio. En cambio, me
quedo más tranquilo en los mares tropicales". Tras
su vuelta a Chile, el científico centró sus estudio
en la ecología, manejo y conservación de especies
bentónicas - aquellas que habitualmente viven en
contacto con el fondo- que se ubican en las zonas
rocosas inter y submareales de Chile Central, lo
que comprende a locos, erizos, jaibas, lapas, pulpos,
picorocos y también algas.
- De todos ellos, el loco parece ser uno de sus
grandes amores.
"Cuando volví de mi doctorado, debí localizar el
material científico con que quería trabajar en Chile.
No podían ser las estrellas de mar, tenía que ser
algo distinto, propio de nuestro país. Pienso que
el material científico que eligen los investigadores
es clave para el desarrollo de sus carreras. Las
aves de las Galápagos que estudió Darwin no fueron
seleccionadas al azar, las moscas que eligió Morgan
para sus experimentos de genética tampoco lo fueron.
Son materiales que permiten hacer ciertas preguntas
importantes".
- Y así llegó al loco.
"El modelo biológico del loco (Concholepas concholepas)
me interesó por varias razones, que tenían más que
ver con su biología que con su importancia económica.
Para empezar es una especie única en el mundo, presente
sólo a lo largo de la costa de Chile y en el sur
del Perú. Es muy distinto del abalón, lo que abría
una perspectiva de investigación única, particular
y necesaria".
"Por otra parte, el loco es un depredador muy carnívoro,
de alto nivel trófico, lo que significa que su presencia
o ausencia puede conducir a cambios sustanciales
en las comunidades marinas naturales. Es una especie
clave en la cadena de alimentación natural. Y por
último, se trata de una especie que cuando la empecé
a estudiar estaba en vías de sobreexplotación".
- El loco lo ha acompañado casi toda su carrera,
pero ahora lo ha interesado el "piure de Antofagasta".
"Es una inquietud que tengo desde estudiante, cuando
con mi profesor Patricio Sánchez recorríamos las
costas de Chile de punta a cabo y así percibimos
esta especie de piure que en Chile se da exclusivamente
en la bahía de Antofagasta. En el resto del mundo
se puede localizar en Australia y una especie relacionada
en Sudáfrica. Con la cátedra presidencial que me
otorgaron hace uno años decidí estudiarla y comprobar
si efectivamente se trataba de una especie relicta
que había quedado en Antofagasta cuando se separaron
las placas continentales, hace 60 millones de años".
- ¿Lo comprobaron?
"Viajé a la costa de Australia a sacar muestras
y también me conseguí algunas de Sudáfrica. Las
muestras de ADN indicaron que el material genético
del piure de Antofagasta era casi idéntico a las
muestras de Australia, por lo que la especie no
puede tener 60 millones de años, ya que su ADN habría
experimentado más modificaciones. Lo que sugiere
que probablemene arribó a las costas de Antofagasta
hace algunos cientos de años, seguramente adosado
a los cascos de barcos que trasportaban salitre
u otros materiales. He investigado hasta documentos
de la Guerra del Pacífico, pero aún no he encontrado
testimonios sobre este piure".
" La otra pregunta es por qué está sólo en Antofagasta.
Estudiamos la larva, que sólo vive dos horas en
la columna de agua y también la oceanografía de
la bahía. Comprobamos que dentro de la bahía de
Antofagasta hay todo un sistema de corrientes y
circuitos de circulación que retiene las larvas,
impide que salgan mar adentro y lleguen a otros
lugares".
El macroexperimento
Al retornar a Chile tras trabajar en sofisticados
laboratorios marinos en el extranjero, Castilla
se encontró, según sus palabras, "con un escritorio,
una lupa y un microscopio". Decidió que era imprescindible
establecer una estación de estudios en la costa.
Tras cuatro años de trabajo -negoció él mismo el
terreno-, Castilla fundó la Estación Costera de
Investigaciones Marinas (ECIM), de la Universidad
Católica, en Las Cruces, donde actualmente trabajan
12 investigadores.
"Conseguimos un fondo canadiense (IDRC), aunque
a ellos les interesaba más una estación de cultivos.
Tuve que convencerlos de que la costa de Chile hasta
Puerto Montt, salvo excepciones, no se presta para
cultivos. El gran problema es el manejo: conocer
las poblaciones y explotarlas racionalmente. Una
pared con pendiente de 90 grados no se puede arar
ni cultivar, pero sí explotar con criterio".
Aparte de los acuarios de la estación, el científico
decidió hacer un macroexperimento en la costa contigua.
"Conseguimos cerrar el acceso a los mariscadores
a lo largo de un kilómetro, lo que a ellos no les
significó gran cosa. Y así iniciamos el experimento
de estudiar cómo reaccionaba el sistema costero
en los roqueríos intermareales y sur mareales -
que son donde trabajan los buzos- ante la ausencia
del hombre como depredador".
"La filosofía no era definir al hombre como malo
o bueno, sino saber cuál era su efecto en el ecosistema.
Una vez que éste se conociera, se podía manipular
racionalmente el manejo, con el hombre como parte
del ecosistema".
- ¿Cuáles fueron los resultados?
"En el espacio que quedó sin injerencia humana pudimos
conocer cuáles eran los actores naturales importantes
y logramos conocer las fases de retorno. Es decir,
cuánto se demora el sistema en volver a su estado
natural tras ser depredado por el hombre.
A la vuelta de 4 o 5 años, las densidades habían
aumentado cinco veces".
"Así pudimos conocer los ciclos de las poblaciones,
que en un momento llegan a su máximo con exceso
de animales por metro cuadrado y luego empiezan
a decaer.
Cuando se entiende la tasa con que aumentan las
especies bentónicas, se pueden hacer planes de manejo
para que las extracciones sean en el momento indicado".
CONSERVACIÓN Y MANEJO
Parques marinos
Una línea de trabajo constante en la carrera de
Juan Carlos Castilla ha sido el impulso para la
creación de áreas protegidas y parques marinos con
fines de conservación, educacionales y turísticos.
"Todavía no existen parques marinos en Chile, salvo
uno o dos casos muy aislados en Isla de Pascua.
Por el contrario, sí existen numerosos parques terrestres.
Le seguimos dando la espalda al mar. En esta línea
de investigación he trabajado por más de 30 años
y puedo afirmar que en este lapso no ha existido
una voluntad política al respecto. Hay una multiplicidad
de organismos que tienen que ver con el tema, pero
no hay nadie que tome una decisión".
Según el científico, "es curioso, en Chile nosotros
partimos al revés de los otros países, creando primero
áreas de explotación y manejo. Cuán bonito e importante
para el país sería intercalar en el actual mapa
de las áreas de manejo algunos parques marinos,
de modo que haya un complemento entre lo que es
manejo y lo que es conservación. En el mar, a diferencia
de la tierra, las esporas o larvas son transportadas
por corrientes. Saldrían de los parques marinos
y llegarían a zonas aledañas, donde podrían ser
explotadas. Hay un beneficio mutuo. Lo que tenemos
que hacer es terminar con el antagonismo entre conservación
y manejo".
CIENCIA PURA Y APLICADA
El círculo virtuoso
Uno de los frutos más valiosos de los estudios realizados
en la estación costera de la UC en Las Cruces -
que Juan Carlos Castilla dirigió durante quince
años- fue la transferencia de información clave
para el establecimiento de áreas de explotación
y manejo de recursos bentónicos en la Ley de Pesca.
"Yo me siento un investigador de ciencia básica
con una inmensa suerte, por haber tenido la oportunidad
de cerrar el círculo entre ciencia y aplicación.
Se me presentaron las oportunidades y las asumí,
porque hay gente que no las asume y se queda sólo
con su ciencia básica".
Tras estudiar cómo se recuperaban las poblaciones
de mariscos y algas tras algunos años de reposo
en Las Cruces, el profesor Castilla y su grupo de
colaboradores llevaron la experiencia a las caletas
de Quintay y El Quisco, donde tuvieron resultados
muy satisfactorios.
La idea que aplicaron fue la delimitación de algunas
zonas determinadas, de acceso exclusivo, para que
permanecieran en reposo por algunos años y no fueran
explotadas por buzos o pescadores. Al recobrar las
comunidades y poblaciones sus equilibrios, durante
un período limitado se permitió la extracción de
algas y mariscos, a la que sólo tuvieron derecho
las comunidades organizadas de pescadores del lugar
que habían participado en el experimento, con el
visto bueno de la autoridad de pesca.
Con el tiempo, se ha demostrado que este manejo
racional posibilita aumentar radicalmente la productividad
y la extracción de especies de mariscos y algas
de mejor tamaño y en forma controlada. Las empresas
ya saben qué caletas cuidan sus recursos y les ofrecen
mejores precios. Además, los estudios de evaluación
de recursos permiten predecir cuántas especies van
a poder ser extraídas y así los pescadores pueden
realizar contratos con anterioridad a la extracción
y optimizar la comercialización .
Los redactores de la Ley de Pesca decidieron incorporar
esta idea (en la que también participaron otros
grupos de investigación) a la legislación a través
del concepto de "áreas de explotación y manejo de
recursos bentónicos", el que se ha mantenido con
muy pocas modificaciones desde 1991.
Actualmente existen alrededor de 220 áreas decretadas,
las que han sido pedidas por las propias comunidades
organizadas de pescadores y existen solicitudes
para 133 más.
"Hoy la veda del loco se abre sólo dentro de las
áreas de manejo. Y se extraen anualmente entre 4
y 8 mil toneladas, con retornos por exportación
que fluctúan entre los 20 y 30 millones de dólares.
Cuando el sistema era abierto se extraían sin regulación
entre 20 y 25 mil toneladas al año y la cantidad
recaudada era aproximadamente la misma o levemente
superior".
"Aquí hay un espacio importante de relación entre
ciencia y economía", afirma el científico. "La ciencia
puede aportar mucha información sobre nuestros recursos
renovables, lo que permite optimizar su explotación
e impedir que se agoten. No es lo mismo exportar
locos que chamantos. Una cosa es abrirnos a las
exportaciones en forma ciega y otra muy distinta
es hacerlo con conocimiento suficiente sobre las
dinámicas propias de los recursos renovables ".
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