Notes and interviews in the media usually are deleted from their computer databanks after a short time. Here we reproduce those notes and interviews as they first appeared, to keep them as historical records of CASEB's outreach

09. Interview with Dr. Castilla in El Mercurio

Entrevista con el científico Juan Carlos Castilla:
Entre mareas y roqueríos

ELENA IRARRÁZABAL SÁNCHEZ
8 de Junio de 2003

Locos, erizos, piures y lapas son parte de los "recursos bentónicos" que se acumulan en nuestras costas y que constituyen una de las especialidades científicas del biólogo marino Juan Carlos Castilla, quien tras una fructífera carrera dedicada a la investigación ha sido nominado como miembro de la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU.


Profesor de la UC, Juan Carlos Castilla pasa a integrar, por estos días, las academias de Ciencia de Chile y de Estados Unidos.

Foto:Claudio Vera


La estrella de mar fue una de las primeras especies marinas con las que "dialogó" Juan Carlos Castilla. " Mi tesis de doctorado en Gran Bretaña trató sobre ellas. Al ser importantes ecológicamente en su rol de depredadoras, traté de investigar si se podían adaptar para que comieran cierto tipo de alimento y no otro. Finalmente logré probar que se podía lograr el "acondicionamiento ingestivo". Siempre me ha interesado la conducta animal, aunque sean invertebrados muy simples. Conversar con ellos, hacerles preguntas en base a experimentos y predecir sus respuestas".

Desde entonces, Castilla, quien inició su carrera titulándose en la U. Católica como profesor de Química y Ciencias Naturales, ha buceado -literal y metafóricamente- en profundidades cada vez mayores de nuestro ecosistema marino. Doctorado en la Universidad de North Wales y con un posdoctorado en ecología marina en la Universidad de Duke, tiene a su haber una Cátedra Presidencial en Ciencias, más de 180 publicaciones en revistas científicas y es parte del programa Fondap en Estudios Avanzados en Ecología y Biodiversidad de la UC.

En Chile ha desarrollado toda su carrera en la Universidad Católica. De hecho, es el primer profesor de la institución en convertirse en miembro de la prestigiosa Academia de EE.UU. donde ya figuran los investigadores nacionales Ramón Latorre, Mary Kalin Arroyo y Jorge Allende.

En total, participan allí 1.922 científicos de EE.UU. y 341 extranjeros asociados, los que pertenecen a grupos de estudio que emiten opiniones sobre los temas que dominan.

- Usted ha investigado los mares de gran parte del planeta. Desde esa perspectiva, ¿es un mito o una realidad la riqueza del mar chileno?

"No es un mito. Chile y Perú son países privilegiados en lo que llamamos "productividad primaria". La producción de sardina y anchoveta de Chile y Perú constituye el 20 por ciento de lo que produce todo el mundo en harina de pescado".

- ¿Y por qué este fenómeno?

"Nuestras costas, desde Arica hasta la zona central, constituyen una zona de alta surgencia. Las surgencias son masas de agua que emergen desde el fondo del mar y al elevarse arrastran sedimentos y nutrientes. Están fertilizando el mar naturalmente. Es un fenómeno que tiene que ver con muchos elementos: lo angosta de nuestra plataforma continental, la corriente de Humboldt, la dirección de la costa, los vientos predominantes. Esto cambia al sur de Puerto Montt. Pero allí, en cambio, el resguardo de los fiordos da facilidades extraordinarias para el desarrollo de la acuicultura".

- Dicen que los mariscos chilenos son más ricos por el agua fría.

"Lo que sucede es que las surgencias traen a la superficie aguas de mayor profundidad, que son más frías y con más nutrientes. Eso genera más filoplancton y, por ende, más zooplancton y más peces. Algo parecido sucede en las costas oeste de California y Sudáfrica, que, al igual que las chilenas, tienen plataformas continentales estrechas, lo que implica que alrededor de los 5 kilómetros ya aparecen profundidades importantes. Argentina, en cambio, posee una plataforma continental muy extensa, de alrededor de 200 kilómetros mar adentro".

- Sus estudios lo han puesto en contacto con pescadores artesanales, especialmente buzos y mariscadores. ¿Cuál es su impresión de ellos?

"Ha sido una relación con sorpresas y aprendizajes. Si uno no los entiende como cazadores y quiere transformarlos de la noche a la mañana en agricultores o cultivadores, se va a encontrar con muchos problemas. Ellos salen a cazar igual como lo hacía el hombre en la prehistoria. Buscan su alimento y exponen su propia vida. Son muy independientes, autónomos y desconfiados, aunque cuando se organizan se imponen normas que respetan. Conocen más que nosotros del mar. Saben perfectamente, por ejemplo, que si dejan reposar ciertas zonas la productividad después va a ser mayor".

La seducción del piure

Pausado y riguroso, Castilla (63) ya no bucea como antes, aunque confiesa que sigue manteniendo una relación obsesiva con el mar chileno. "Es difícil que me relaje si voy a la playa en Chile. Siempre veo el mar como objeto de estudio. En cambio, me quedo más tranquilo en los mares tropicales". Tras su vuelta a Chile, el científico centró sus estudio en la ecología, manejo y conservación de especies bentónicas - aquellas que habitualmente viven en contacto con el fondo- que se ubican en las zonas rocosas inter y submareales de Chile Central, lo que comprende a locos, erizos, jaibas, lapas, pulpos, picorocos y también algas.

- De todos ellos, el loco parece ser uno de sus grandes amores.

"Cuando volví de mi doctorado, debí localizar el material científico con que quería trabajar en Chile. No podían ser las estrellas de mar, tenía que ser algo distinto, propio de nuestro país. Pienso que el material científico que eligen los investigadores es clave para el desarrollo de sus carreras. Las aves de las Galápagos que estudió Darwin no fueron seleccionadas al azar, las moscas que eligió Morgan para sus experimentos de genética tampoco lo fueron. Son materiales que permiten hacer ciertas preguntas importantes".

- Y así llegó al loco.

"El modelo biológico del loco (Concholepas concholepas) me interesó por varias razones, que tenían más que ver con su biología que con su importancia económica. Para empezar es una especie única en el mundo, presente sólo a lo largo de la costa de Chile y en el sur del Perú. Es muy distinto del abalón, lo que abría una perspectiva de investigación única, particular y necesaria".

"Por otra parte, el loco es un depredador muy carnívoro, de alto nivel trófico, lo que significa que su presencia o ausencia puede conducir a cambios sustanciales en las comunidades marinas naturales. Es una especie clave en la cadena de alimentación natural. Y por último, se trata de una especie que cuando la empecé a estudiar estaba en vías de sobreexplotación".

- El loco lo ha acompañado casi toda su carrera, pero ahora lo ha interesado el "piure de Antofagasta".

"Es una inquietud que tengo desde estudiante, cuando con mi profesor Patricio Sánchez recorríamos las costas de Chile de punta a cabo y así percibimos esta especie de piure que en Chile se da exclusivamente en la bahía de Antofagasta. En el resto del mundo se puede localizar en Australia y una especie relacionada en Sudáfrica. Con la cátedra presidencial que me otorgaron hace uno años decidí estudiarla y comprobar si efectivamente se trataba de una especie relicta que había quedado en Antofagasta cuando se separaron las placas continentales, hace 60 millones de años".

- ¿Lo comprobaron?

"Viajé a la costa de Australia a sacar muestras y también me conseguí algunas de Sudáfrica. Las muestras de ADN indicaron que el material genético del piure de Antofagasta era casi idéntico a las muestras de Australia, por lo que la especie no puede tener 60 millones de años, ya que su ADN habría experimentado más modificaciones. Lo que sugiere que probablemene arribó a las costas de Antofagasta hace algunos cientos de años, seguramente adosado a los cascos de barcos que trasportaban salitre u otros materiales. He investigado hasta documentos de la Guerra del Pacífico, pero aún no he encontrado testimonios sobre este piure".

" La otra pregunta es por qué está sólo en Antofagasta. Estudiamos la larva, que sólo vive dos horas en la columna de agua y también la oceanografía de la bahía. Comprobamos que dentro de la bahía de Antofagasta hay todo un sistema de corrientes y circuitos de circulación que retiene las larvas, impide que salgan mar adentro y lleguen a otros lugares".

El macroexperimento

Al retornar a Chile tras trabajar en sofisticados laboratorios marinos en el extranjero, Castilla se encontró, según sus palabras, "con un escritorio, una lupa y un microscopio". Decidió que era imprescindible establecer una estación de estudios en la costa. Tras cuatro años de trabajo -negoció él mismo el terreno-, Castilla fundó la Estación Costera de Investigaciones Marinas (ECIM), de la Universidad Católica, en Las Cruces, donde actualmente trabajan 12 investigadores.

"Conseguimos un fondo canadiense (IDRC), aunque a ellos les interesaba más una estación de cultivos. Tuve que convencerlos de que la costa de Chile hasta Puerto Montt, salvo excepciones, no se presta para cultivos. El gran problema es el manejo: conocer las poblaciones y explotarlas racionalmente. Una pared con pendiente de 90 grados no se puede arar ni cultivar, pero sí explotar con criterio".

Aparte de los acuarios de la estación, el científico decidió hacer un macroexperimento en la costa contigua. "Conseguimos cerrar el acceso a los mariscadores a lo largo de un kilómetro, lo que a ellos no les significó gran cosa. Y así iniciamos el experimento de estudiar cómo reaccionaba el sistema costero en los roqueríos intermareales y sur mareales - que son donde trabajan los buzos- ante la ausencia del hombre como depredador".

"La filosofía no era definir al hombre como malo o bueno, sino saber cuál era su efecto en el ecosistema. Una vez que éste se conociera, se podía manipular racionalmente el manejo, con el hombre como parte del ecosistema".

- ¿Cuáles fueron los resultados?

"En el espacio que quedó sin injerencia humana pudimos conocer cuáles eran los actores naturales importantes y logramos conocer las fases de retorno. Es decir, cuánto se demora el sistema en volver a su estado natural tras ser depredado por el hombre.

A la vuelta de 4 o 5 años, las densidades habían aumentado cinco veces".

"Así pudimos conocer los ciclos de las poblaciones, que en un momento llegan a su máximo con exceso de animales por metro cuadrado y luego empiezan a decaer.

Cuando se entiende la tasa con que aumentan las especies bentónicas, se pueden hacer planes de manejo para que las extracciones sean en el momento indicado".

CONSERVACIÓN Y MANEJO

Parques marinos

Una línea de trabajo constante en la carrera de Juan Carlos Castilla ha sido el impulso para la creación de áreas protegidas y parques marinos con fines de conservación, educacionales y turísticos. "Todavía no existen parques marinos en Chile, salvo uno o dos casos muy aislados en Isla de Pascua. Por el contrario, sí existen numerosos parques terrestres. Le seguimos dando la espalda al mar. En esta línea de investigación he trabajado por más de 30 años y puedo afirmar que en este lapso no ha existido una voluntad política al respecto. Hay una multiplicidad de organismos que tienen que ver con el tema, pero no hay nadie que tome una decisión".

Según el científico, "es curioso, en Chile nosotros partimos al revés de los otros países, creando primero áreas de explotación y manejo. Cuán bonito e importante para el país sería intercalar en el actual mapa de las áreas de manejo algunos parques marinos, de modo que haya un complemento entre lo que es manejo y lo que es conservación. En el mar, a diferencia de la tierra, las esporas o larvas son transportadas por corrientes. Saldrían de los parques marinos y llegarían a zonas aledañas, donde podrían ser explotadas. Hay un beneficio mutuo. Lo que tenemos que hacer es terminar con el antagonismo entre conservación y manejo".

CIENCIA PURA Y APLICADA

El círculo virtuoso

Uno de los frutos más valiosos de los estudios realizados en la estación costera de la UC en Las Cruces - que Juan Carlos Castilla dirigió durante quince años- fue la transferencia de información clave para el establecimiento de áreas de explotación y manejo de recursos bentónicos en la Ley de Pesca.

"Yo me siento un investigador de ciencia básica con una inmensa suerte, por haber tenido la oportunidad de cerrar el círculo entre ciencia y aplicación. Se me presentaron las oportunidades y las asumí, porque hay gente que no las asume y se queda sólo con su ciencia básica".

Tras estudiar cómo se recuperaban las poblaciones de mariscos y algas tras algunos años de reposo en Las Cruces, el profesor Castilla y su grupo de colaboradores llevaron la experiencia a las caletas de Quintay y El Quisco, donde tuvieron resultados muy satisfactorios.

La idea que aplicaron fue la delimitación de algunas zonas determinadas, de acceso exclusivo, para que permanecieran en reposo por algunos años y no fueran explotadas por buzos o pescadores. Al recobrar las comunidades y poblaciones sus equilibrios, durante un período limitado se permitió la extracción de algas y mariscos, a la que sólo tuvieron derecho las comunidades organizadas de pescadores del lugar que habían participado en el experimento, con el visto bueno de la autoridad de pesca.

Con el tiempo, se ha demostrado que este manejo racional posibilita aumentar radicalmente la productividad y la extracción de especies de mariscos y algas de mejor tamaño y en forma controlada. Las empresas ya saben qué caletas cuidan sus recursos y les ofrecen mejores precios. Además, los estudios de evaluación de recursos permiten predecir cuántas especies van a poder ser extraídas y así los pescadores pueden realizar contratos con anterioridad a la extracción y optimizar la comercialización .

Los redactores de la Ley de Pesca decidieron incorporar esta idea (en la que también participaron otros grupos de investigación) a la legislación a través del concepto de "áreas de explotación y manejo de recursos bentónicos", el que se ha mantenido con muy pocas modificaciones desde 1991.

Actualmente existen alrededor de 220 áreas decretadas, las que han sido pedidas por las propias comunidades organizadas de pescadores y existen solicitudes para 133 más.

"Hoy la veda del loco se abre sólo dentro de las áreas de manejo. Y se extraen anualmente entre 4 y 8 mil toneladas, con retornos por exportación que fluctúan entre los 20 y 30 millones de dólares. Cuando el sistema era abierto se extraían sin regulación entre 20 y 25 mil toneladas al año y la cantidad recaudada era aproximadamente la misma o levemente superior".

"Aquí hay un espacio importante de relación entre ciencia y economía", afirma el científico. "La ciencia puede aportar mucha información sobre nuestros recursos renovables, lo que permite optimizar su explotación e impedir que se agoten. No es lo mismo exportar locos que chamantos. Una cosa es abrirnos a las exportaciones en forma ciega y otra muy distinta es hacerlo con conocimiento suficiente sobre las dinámicas propias de los recursos renovables ".

Top