Notes and interviews in the media usually are deleted from their computer databanks after a short time. Here we reproduce those notes and interviews as they first appeared, to keep them as historical records of CASEB's outreach

12. Interview with Drs. Armesto & Jaksic in Bioplanet

BIODIVERSIDAD
La clave ignorada para el desarrollo de Chile
Se requiere que los hombres de ciencia reflexionen sobre las herramientas con que sus disciplinas pueden contribuir para alcanzar esa gran aspiración que es el desarrollo de Chile. La biodiversidad y la ecología tienen mucho que aportar, por lo que es urgente la interacción de los expertos en este campo, tanto con el mundo público como privado, para evidenciar la trascendencia de un apoyo político efectivo, que puede llevar al país a la cima.

Javier Simonetti, director ejecutivo del Programa Interdisciplinario de Estudios en Biodiversidad de la Universidad de Chile; y Fabián Jaksic, director del Centro Fondap de Ecología y Biodiversidad (CASEB) de la Pontificia Universidad Católica

La biodiversidad fue la materia que nos convocó para reflexionar una vez más junto a un selecto grupo de investigadores nacionales, integrado por Fabián Jaksic, director del Centro Fondap de Ecología y Biodiversidad (CASEB) de la Pontificia Universidad Católica (PUC); Javier Simonetti, director ejecutivo del Programa Interdisciplinario de Estudios en Biodiversidad de la Universidad de Chile; de la misma casa de estudios y miembro del CASEB, el ecólogo Juan Armesto; y el Biólogo Molecular de la Universidad de Santiago, Rodrigo Vidal.

El tema no es trivial, pues encierra tópicos que son fundamentales para el desarrollo y avance general del país. Los temas ecológicos, tan desdibujados en la mente del público, se confunden con los nuevos conceptos de marketing que los utilizan para disfrazar sus ideas comerciales, o para ser llevados en pancartas por grupos de furiosos ecologistas en las calles, y se alejan mucho de lo que la ciencia ecológica es y promueve.

La diversidad biológica puede ser definida como el conjunto de organismos de un área determinada, descripción básica y demasiado restringida para un concepto que se ha desarrollado enormemente y que hoy contempla no sólo el número de especies, sino además su variedad de genes, la información contenida en ellos y los ecosistemas que la conforman. Se puede decir que va desde genes hasta ecosistemas, y aún más allá.

También hablamos de la forma en que las especies se disponen y los procesos en los que participan, es decir su estructura y funcionamiento, “porque la biodiversidad constituye hoy una fuente de bienes y servicios para la población humana”, indica Javier Simonetti.

Fabián Jaksic explica que la biodiversidad puede ser analizada en distintos niveles, a los que él llama alfa, beta y gama. Un nivel alfa es la clasificación de la biodiversidad, a través de un orden jerarquizado y sistemático, de los grupos de animales y de vegetales, taxonomía. Luego vienen los patrones espaciales de esa diversidad -el nivel beta para Jaksic- el cómo están distribuidas; y en el tercer nivel, el gama, que dice relación con el funcionamiento de la biodiversidad, “para qué sirven las especies, qué pasa si se reduce, qué pasa si se aumenta, es el nivel que motiva la preocupación social y económica sobre la biodiversidad que tiene que ver con los usos que la sociedad humana le puede dar, que a su vez incluye los servicios y los bienes que nos entrega gratis’”, señala el investigador.

En este nivel, la biodiversidad es observada como los servicios que entrega la naturaleza a la humanidad, como la retención de suelos que realizan las raíces de las hierbas, la estabilización de taludes, la polinización, sólo por mencionar algunos.

Incluso la idea de la clasificación de la diversidad hoy crece gracias a las herramientas moleculares que permiten diferenciar entre una clasificación desde el punto de vista morfológico y desde el molecular, visiones que en principio estuvieron contrapuestas. Sin embargo, para Rodrigo Vidal el consenso está en una visión holística, donde lo que importa son los genes, sin dejar de lado la parte morfológica y conductual de las especies. “La visión molecular aporta en el sentido de alerta, en dar aviso que las cosas se pueden observar de otro modo, y cuando van de la mano lo morfológico y lo molecular se alcanza el complemento. Las hipótesis planteadas desde el punto de vista morfológico ya están establecidas, pero ahora vamos a analizarlas desde el punto de vista molecular, surge el por qué, al margen de cuál de las dos opciones es la más correcta”, señala Vidal.

No obstante, para el doctor Armesto, estos niveles de avance no pueden dejar de lado el estudio de los niveles primarios, ya que hay un universo de especies de las que no existe ninguna sistematización lo que las hace prácticamente desconocidas, como el caso de los hongos que tienen injerencia en cosas tan cotidianas como la elaboración del pan o la cerveza.

“Yo creo- afirma Armesto- que hay problemas con los catastros, incluso para grupos como plantas o invertebrados. No sabemos cuáles son los sitios con más diversidad en Chile, tenemos una idea aproximada de cuantas especies de plantas tenemos, pero no conocemos cuáles son los lugares con más diversidad y sólo podemos preguntarnos qué hace una especie en la medida que la conocemos o tenemos conciencia de su existencia”.

Bienes descuidados

“Existe mucha ignorancia en el tema, la empresa Gate, de gestión ambiental y territorial, pagaba por evaluaciones de impacto ambiental ficticias, pero como nadie sabe lo que es un estudio de impacto ambiental qué importa. Así es como Chile califica su ambiente, por lo tanto no me pidan más a mí, yo soy solamente un científico”, señala Fabián Jaksic.

Cada país cuenta dentro de su soberanía con la capacidad de explotar a su antojo los bienes naturales que posee, obviamente respetando los tratados que haya firmado, para generar la riqueza que le permita desarrollarse. Estos recursos vienen a ser las acciones de la nación, las cuales deben manejarse con inteligencia para que generen rentabilidad, de lo contrario pierden valor y el capital de un país es desperdiciado.

Esa situación es frecuente y desde el punto de vista de la biodiversidad hay casos en que los países ni siquiera conocen el capital que poseen, “al enfrentar el tema en términos de bienes estamos ante una paradoja frente a bienes desconocidos y bienes descuidados, porque la humanidad no sabe qué es lo que tiene, si consideramos a las especies como un bien que genera un producto o nos da un servicio”, señala Javier Simonetti, añadiendo que una de las crisis que enfrenta la diversidad biológica es la pérdida acelerada de científicos capaces de reconocer la diversidad ya conocida, es decir sus procesos evolutivos.

Sobre la faz de la tierra se estima que existen de 10 a 30 millones de especies, de las cuales se conoce del orden de 1.4 a 1.9 millones, esa es la magnitud de los posibles bienes y servicios que ignoramos y a esta situación hay que sumar las especies que se extinguen, las cuales nunca conocimos y en las que perdimos un potencial desconocido.

Juan Armesto grafica esto a través de la situación de los árboles tropicales, en los que se han hecho estimaciones de cuántos insectos hay asociados a sus copas. “Se han encontrado 400 especies de coleópteros por copa de árbol, de las cuales entre el 40 a 50% son específicas de una especie, si consideramos que en una hectárea de bosque tropical hay más o menos 200 especies de árboles, perder una hectárea puede generar un impacto enorme”.

Sin embargo, no todos los ecólogos concuerdan en este énfasis de priorizar el descubrimiento de especies, el nivel alfa para Jaksic. El mismo director del Centro Fondap de Ecología sostiene que estos tres niveles deberían avanzar en paralelo, no en secuencia, concentrando el estudio más en lo conocido que en lo por conocer. “Sabemos que no hay más de 10 procesos ecosistémicos importantes que son desplegados por una cantidad de especies que van entre uno y diez millones, nos hemos preocupado de catalogar especies y sin embargo no existe un catálogo de los ecosistemas de Chile, cuántos tenemos, 10, 20, 30, con eso definido resta identificar quién es el productor, el consumidor y los detritívoros y luego empezamos a preocuparnos de qué hay que conservar y qué es lo que está cambiando”, señala el científico.

Un problema de recursos

La clase política -señala Simonetti- vive de lo urgente e ignora lo importante, porque si se elaboró una ley de bases para el medio ambiente el año ‘93, esa ley en grandes porciones es absolutamente inoperante, porque 10 años después han sido incapaces de establecer los reglamentos que la hagan operativa, entonces me parece que los legisladores no tienen esa cultura cívica de hacer la conexión y pedirle a cuatro científicos que les den una mano”.

Pero, ¿cómo decide cada país qué conservar?, ¿Qué estudiar?, ¿Qué explotar?. No existen parámetros establecidos para ello y lamentablemente el feedback entre los investigadores, que manejan el background para orientar las decisiones; el gobierno, que establece políticas y normativas; y los empresarios, quienes poseen el capital para invertir, no es muy fluido.

Según Simonetti, se esgrimen argumentos como los beneficios tangibles, la belleza del paisaje, o intangibles, como el control de la erosión. Pero para hacerse una idea de la nueva visión que las ciencias ecológicas le están dando a la biodiversidad, en términos económicos los procesos ecosistémicos equivalen a dos veces el PGB de todas las economías del mundo por año, “o sea que si hubiera un mercado y tuviéramos la tecnología para reponer esos servicios, no seríamos capaces de pagarlos, entonces existe más de un motivo por el cual mantener la biodiversidad”.

Es indiscutible el inmenso valor que hay en la biodiversidad, sin embargo es necesario que esta visión la conozcan todos los tomadores de decisiones, desde políticos hasta el ciudadano común, para tomar la debida consciencia de la importancia de su mantención.

Este es uno de los puntos más débiles para los investigadores, que se observa no sólo en ecología, sino en la mayoría de las áreas científicas, puesto que la sociedad no llega a conocer la magnitud de los estudios que la ciencia realiza, por tanto no toma en cuenta lo que éstos puedan decir sobre una serie de materias que incumben a todos.

Los investigadores están conscientes de esto y asumen su parte de responsabilidad, “creo –afirma Armesto- que nuestro impacto como comunidad es relativamente pequeño sobre la sociedad, lo que en parte tiene que ver con que los científicos hemos estado muy encerrados en un ámbito académico purista desde el cual no tenemos capacidad de llegar a la gente, entonces hay que hacer un esfuerzo que no muchos están dispuestos realizar”.

Durante los últimos años esta necesidad se está considerando incluso en la comunidad científica internacional, ya que en todos los países existe la necesidad de que los científicos salgan de las aulas para interactuar con los gobiernos, administradores, empresarios y la sociedad en general, sobre una serie de problemáticas importantes.

Debe considerarse que este “encierro” de los investigadores responde también en alguna medida a factores como la escasez de recursos disponibles para hacer ciencia, ya que el presupuesto destinado para esto en Chile es del orden del 0,6% del PGB total. “El presupuesto de ciencia es absurdo y nosotros hacemos lo mejor que podemos. Sería difícil hacer la investigación básica comunicándola a nuestros pares internacionales y luego de ello ir a las escuelas y sesionar con los periodistas para que transmitan nuestro mensaje”, señala Jaksic.

Juan Armesto, presidente de la Fundación Senda Darwin y miembro del CASEB; y el Biólogo Molecular de la Universidad de Santiago, Rodrigo Vidal.

Algunos afirman que Chile tiene la ciencia que se merece de acuerdo a los 5 mil dólares per capita de PGB que posee. Entonces, una alternativa sería esperar que ese índice aumentara para tener más recursos, pero claramente las políticas que no pueden esperar. Hoy es puesto en tela de juicio el manejo de los dineros del gobierno por los conocidos casos de coimas y sobresueldos, lo que hace que mucha gente piense que esos recursos perfectamente podrían ser utilizados en mejorar otras cosas y, por qué no, la ciencia.

Fabián Jaksic menciona como ejemplo aquellas entidades de gobierno cuya función está ligada a ecología y medio ambiente. Organismos como Conama (Corporación Nacional del Medio Ambiente) donde no se busca la asesoría de expertos que certifiquen las fiscalizaciones que se realizan, allí la ciencia queda ausente. “Estamos en una especie de circo pobre con grandes aspiraciones y creo que la única esperanza es que Chile crezca y que la ciudadanía aprecie que parte de sus impuestos se vayan a ciencia. Existe mucha ignorancia en el tema, la empresa Gate, de gestión ambiental y territorial, pagaba por evaluaciones de impacto ambiental ficticias, pero como nadie sabe lo que es un estudio de impacto ambiental qué importa, así es como Chile califica su ambiente, por lo tanto no me pidan más a mí, yo soy solamente un científico”, argumenta Jaksic.

A pesar de esta mirada crítica, el Centro Fondap de Ecología procura cumplir su rol intentando hacer la interfase con la sociedad y llegar a la ciudadanía a través de las instancias de gobierno, para dar orientación sobre las decisiones que involucran al medio ambiente y explicarlo en términos de “no haga esto porque los ecosistemas funcionan de esta manera y si usted elimina esta especie está eliminando un actor importante que es el que produce una cierta cadena de procesos y sin él este ecosistema podría colapsar. En eso estamos y esperamos que los primeros cinco años podamos tener una capacidad en términos de poder decir que aquí hay cosas que son más importantes. Por ejemplo ya estamos diciendo que más primordial que el bosque puede ser un polinizador, cosas que no son evidentes y que permiten dar valor agregado a la biodiversidad, ponerle inteligencia”, enfatiza el investigador.

En este sentido, el doctor Juan Armesto señala: “me parece muy importante mostrar a la sociedad chilena que los dineros que nos están dando son efectivos y tiene importancia ya que nosotros podemos contribuir en muchas áreas. Por ejemplo, en la capacitación de los profesionales que trabajan en Conama o Conaf, cuyo principal problema es que tienen un conocimiento rudimentario de lo que es la ecología. La palabra ecología y biodiversidad han salido del ámbito puramente técnico y se han convertido en muletillas o palabras de marketing. Yo creo que los administradores del Estado no saben a quién consultar sobre problemas específicamente técnicos de ecología y biodiversidad. En este país existen esas personas y se ignoran permanentemente”.

Por otra parte, el quehacer científico en sí no asigna puntos en la evaluación del impacto por comunicar a la sociedad la labor realizada, por esto la mayoría se dedica principalmente a sus trabajos y no dan tiempo para la interacción más allá que con sus pares. “Lo mismo hace la clase política señala Simonetti- la cual vive de lo urgente e ignora lo importante, porque si se elaboró una ley de bases para el medio ambiente el año ‘93, esa ley en grandes porciones es absolutamente inoperante, porque 10 años después han sido incapaces de establecer los reglamentos que la hagan operativa, entonces me parece que los legisladores no tienen esa cultura cívica de hacer la conexión y pedirle a cuatro científicos que les den una mano, yo conozco colaboraciones muy efectivas que terminan en nada y los académicos se frustran y son cada vez más reticentes a repetir la experiencia”.

Valor de la biodiversidad

“Si vas donde un empresario te preguntará tres cosas: cuánto dinero, cuánto tiempo y cuánto gana, con esas tres respuestas claras en cinco minutos está listo e invierte enseguida, al margen de que entienda lo que se va hacer”, comenta Rodrigo Vidal.

El desarrollo científico de un país tiene una importancia que el común de las personas ignora y que es de peso cuando nuestro país es evaluado por las grandes instituciones internacionales. El doctor Simonetti cita como ejemplo al Banco Mundial, “el último informe le dijo a este país que invierta más en ciencia y tecnología y le pidió especialmente a la empresa pública y privada que lo hiciera”.

Y en este sentido, la inversión en ciencia y tecnología puede ser un negocio muy rentable. En el área biotecnológica hay variados ejemplos y es un área accesible, ya que con una cantidad de recursos razonable se pueden echar a andar empresas con éxito prácticamente asegurado. Chile posee una biodiversidad rica en oportunidades, como lo es el área forestal, la salmonicultura y la minería.

Para Rodrigo Vidal el impacto económico que puede producir la biotecnología en Chile es enorme y más fácil de introducir de lo que se cree. “Si vas donde un empresario te preguntará tres cosas: cuánto dinero, cuánto tiempo y cuánto gana, con esas tres respuestas claras en cinco minutos está listo e invierte enseguida, al margen de que entienda lo que se va hacer. Con ese mismo discurso vas donde un político, y él te va a decir, cuánto se gana, cuánto empleo genera, vamos a destruir algún ambiente, y si le explicas que no, creo que eso engancha, que la biotecnología puede ser eficaz a corto plazo. Aunque es más difícil atraer con proyectos a largo plazo, porque hay que ser muy consistente”.

La biotecnología y el manejo genético poseen muchas herramientas para mejorar grandes negocios a partir de la riqueza natural chilena. Vidal cita lo que se puede hacer en el área forestal estableciendo pedigree y cruces en los factores de selección para mejorar los estándares de producción a partir del genoma; lo que también es aplicable en salmones, ya que por malformaciones es posible perder hasta un cinco por ciento de la producción, lo que se traduce aproximadamente en unos 300 mil dólares que es dejan de ganar. “Si haces un estudio y una selección tratando de buscar marcadores moleculares que permitan mejorar cosas y discriminar los que serán sanos antes de que crezcan, tienes un ahorro significativo”, señala.

Esto es biodiversidad con valor agregado, en donde los factores tangibles a corto plazo como el económico, hacen que esto tenga significado para la sociedad. Pero va más allá, según Simonetti, es importante que la gente le otorgue valor conociendo la diversidad biológica, dándose cuenta que allí también existe un valor cultural y patrimonial.

Para Jaksic la valoración no pasa por convencer a tanta gente, él afirma que la responsabilidad primordial es del ejecutivo que se ha comprometido en llevar la inversión en ciencia y tecnología a niveles mejores y es a quien debiera preocuparle si el lugar de Chile en el ranking bajó del 22 al 26, “por lo tanto la única esperanza que tengo es que un poco de gente inteligente capte la importancia que tiene estar en cierto lugar en el ranking en términos del desarrollo del país. Por eso yo pienso que todo se soluciona con más plata, subamos el PGB de 5 mil a 10 mil dólares y la biodiversidad va a estar estupenda”, señala el investigador.

Conclusiones

“La palabra ecología y biodiversidad han salido del ámbito puramente técnico y se han convertido en muletillas o palabras de marketing. Yo creo que los administradores del Estado no saben a quién consultar sobre problemas específicamente técnicos de ecología y biodiversidad. En este país existen esas personas y se ignoran permanentemente”, apunta Juan Armesto

¿Cómo hacer para que sean creadas las políticas requeridas para que la biodiversidad juegue un rol protagónico en Chile?. Es la última interrogante a la hora de las conclusiones con estos cuatro hombres del quehacer científico chileno.

“Nosotros somos la voz de los sin voz -señala Jaksic-, los científicos que trabajamos en biodiversidad somos la voz de las 300 mil especies que hay en Chile, el problema es que no votan y nosotros no alcanzamos a ser 300 votos, de manera que tenemos muy poco peso. Lamentablemente en este país se confunde la inversión con gasto, y cuando hablamos de lo que se invierte en ciencia, nos referimos a cuánto se gasta, que son 10 millones de dólares al año por decir algo, del cual 9,9 millones se van a sueldos y el 0,1 millones se van a consultorías, el dinero se queda atrapado en las ramas de la burocracia y nunca llega al suelo”.

“La única esperanza que tengo es que en la medida que Chile se incorpore a los mercados mundiales, donde las naciones más avanzadas nos imponen sus propios estándares, va a tener que asumir esas mismas normativas. En esos términos yo aplaudo todos los tratados comerciales, porque nos obligan a incorporar una cantidad de restricciones y de normativas espectaculares, creo que nos merecemos que nos den lecciones porque nosotros no hemos aprendido ninguna. Yo de Chile no espero nada, pero si espero mucho de esta nación chica que quiere jugar en las grandes ligas y que se va a dar cuenta que aceptó un montón de normas, porque aquí el que impone las reglas impone el resultado y afortunadamente el mundo es bastante más desarrollado que nosotros”.

Para Simonetti el país es demasiado pobre para darse el lujo de ignorar su biodiversidad. En conocerla y usarla puede estar la fuente del desarrollo y el crecimiento, para llegar a niveles de calidad de vida en que los ciudadanos puedan tener la posibilidad de demandar vivir en ambientes de calidad. “Chile no puede darse el lujo de ignorar su biodiversidad si quiere desarrollarse, sea porque tiene los genes, que tienen un enorme potencial para generar productos o porque los servicios que presta inciden directamente en su bienestar. Al decir esto no significa que no podamos tocar la biodiversidad, hay que buscar las soluciones adecuadas para desarrollar este país aún con un cierto impacto sobre la biodiversidad, debemos estar conscientes de ello y dispuestos a pagar ese precio”.

“Lo que hace falta son voluntades, este país no tiene la institucionalidad para que ello ocurra, por lo tanto lo que hace falta es la decisión política de actuar en esos términos. Chile tiene una comunidad científico técnica pequeña pero competente, que es capaz de ayudar decididamente en los diversos niveles de desarrollo usando la biodiversidad pero sin perderla, o perdiendo la sección menor”, continúa el científico.

En sus conclusiones Armesto coincide con Jaksic en ver más soluciones en las reglamentaciones del mundo global que en las propias. “Lo que pase en este país pequeño nos puede parecer intrascendente, pero resulta que a escala de todo el planeta es importante que hayan estándares internacionales respecto a ciertas normas de uso. De manera que el mundo globalizado me da cierta expectativa y creo que vamos a tener que de alguna manera generar mejores normas de uso, de manejo y medioambientales, más inteligentes que las que tenemos ahora”.

A la hora de rescatar algo positivo de su labor destaca el quehacer docente, porque “cuando tengamos que hacer un manejo racional, sustentable, vamos a necesitar profesionales bien formados, con buenos cimientos de ecología, y nosotros los estamos formando, capacitamos gente para enfrentar desafíos que son del futuro y esa es una tarea en la cual el país invierte poco, sin embargo es crítica porque estamos tratando con el valor del patrimonio biológico del país”.

Para Rodrigo Vidal las soluciones van por dos caminos fundamentales, “primero formar profesionales, como bioquímicos con una importante base en ecología, pero no sostenidos en los individuos sino en los problemas, de manera de poder interactuar efectivamente con ecólogos sin serlo, eso es un plus enorme porque ese profesional puede trabajar en cualquier especie y finalmente producir algo, y trasformarse en un productor de datos que interpretará junto a un ecólogo o con un experto en biodiversidad”.

“Y en segundo lugar está el tema de la biotecnología –continúa el investigador de la USACH-, donde hay que interactuar y concientizar a más empresarios, quienes por lo general se acuerdan de la ciencia y la tecnología cuando ya tienen el problema encima, pero es necesario difundir una visión de futuro y poder generar alternativas biotecnológicas relacionadas con la biodiversidad. En Chile los tratados comerciales van atraer nuevas exigencias, que darán valor a la diversidad de cada país y eso puede convertirse en un plus comercial y ser a la vez el anzuelo para pescar a los peces gordos”.