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| Javier Simonetti, director ejecutivo del Programa
Interdisciplinario de Estudios en Biodiversidad
de la Universidad de Chile; y Fabián Jaksic,
director del Centro Fondap de Ecología y Biodiversidad
(CASEB) de la Pontificia Universidad Católica |
La biodiversidad fue la materia que nos convocó
para reflexionar una vez más junto a un selecto
grupo de investigadores nacionales, integrado por
Fabián Jaksic, director del Centro Fondap de Ecología
y Biodiversidad (CASEB) de la Pontificia Universidad
Católica (PUC); Javier Simonetti, director ejecutivo
del Programa Interdisciplinario de Estudios en Biodiversidad
de la Universidad de Chile; de la misma casa de
estudios y miembro del CASEB, el ecólogo Juan Armesto;
y el Biólogo Molecular de la Universidad de Santiago,
Rodrigo Vidal.
El tema no es trivial, pues encierra tópicos
que son fundamentales para el desarrollo y avance
general del país. Los temas ecológicos, tan desdibujados
en la mente del público, se confunden con los nuevos
conceptos de marketing que los utilizan para disfrazar
sus ideas comerciales, o para ser llevados en pancartas
por grupos de furiosos ecologistas en las calles,
y se alejan mucho de lo que la ciencia ecológica
es y promueve.
La diversidad biológica puede ser definida como
el conjunto de organismos de un área determinada,
descripción básica y demasiado restringida para
un concepto que se ha desarrollado enormemente y
que hoy contempla no sólo el número de especies,
sino además su variedad de genes, la información
contenida en ellos y los ecosistemas que la conforman.
Se puede decir que va desde genes hasta ecosistemas,
y aún más allá.
También hablamos de la forma en que las especies
se disponen y los procesos en los que participan,
es decir su estructura y funcionamiento, “porque
la biodiversidad constituye hoy una fuente de bienes
y servicios para la población humana”, indica Javier
Simonetti.
Fabián Jaksic explica que la biodiversidad puede
ser analizada en distintos niveles, a los que él
llama alfa, beta y gama. Un nivel alfa es la clasificación
de la biodiversidad, a través de un orden jerarquizado
y sistemático, de los grupos de animales y de vegetales,
taxonomía. Luego vienen los patrones espaciales
de esa diversidad -el nivel beta para Jaksic- el
cómo están distribuidas; y en el tercer nivel, el
gama, que dice relación con el funcionamiento de
la biodiversidad, “para qué sirven las especies,
qué pasa si se reduce, qué pasa si se aumenta, es
el nivel que motiva la preocupación social y económica
sobre la biodiversidad que tiene que ver con los
usos que la sociedad humana le puede dar, que a
su vez incluye los servicios y los bienes que nos
entrega gratis’”, señala el investigador.
En este nivel, la biodiversidad es observada
como los servicios que entrega la naturaleza a la
humanidad, como la retención de suelos que realizan
las raíces de las hierbas, la estabilización de
taludes, la polinización, sólo por mencionar algunos.
Incluso la idea de la clasificación de la diversidad
hoy crece gracias a las herramientas moleculares
que permiten diferenciar entre una clasificación
desde el punto de vista morfológico y desde el molecular,
visiones que en principio estuvieron contrapuestas.
Sin embargo, para Rodrigo Vidal el consenso está
en una visión holística, donde lo que importa son
los genes, sin dejar de lado la parte morfológica
y conductual de las especies. “La visión molecular
aporta en el sentido de alerta, en dar aviso que
las cosas se pueden observar de otro modo, y cuando
van de la mano lo morfológico y lo molecular se
alcanza el complemento. Las hipótesis planteadas
desde el punto de vista morfológico ya están establecidas,
pero ahora vamos a analizarlas desde el punto de
vista molecular, surge el por qué, al margen de
cuál de las dos opciones es la más correcta”, señala
Vidal.
No obstante, para el doctor Armesto, estos niveles
de avance no pueden dejar de lado el estudio de
los niveles primarios, ya que hay un universo de
especies de las que no existe ninguna sistematización
lo que las hace prácticamente desconocidas, como
el caso de los hongos que tienen injerencia en cosas
tan cotidianas como la elaboración del pan o la
cerveza.
“Yo creo- afirma Armesto- que hay problemas con
los catastros, incluso para grupos como plantas
o invertebrados. No sabemos cuáles son los sitios
con más diversidad en Chile, tenemos una idea aproximada
de cuantas especies de plantas tenemos, pero no
conocemos cuáles son los lugares con más diversidad
y sólo podemos preguntarnos qué hace una especie
en la medida que la conocemos o tenemos conciencia
de su existencia”.
Bienes descuidados
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| “Existe mucha ignorancia en el tema, la empresa
Gate, de gestión ambiental y territorial, pagaba
por evaluaciones de impacto ambiental ficticias,
pero como nadie sabe lo que es un estudio de
impacto ambiental qué importa. Así es como Chile
califica su ambiente, por lo tanto no me pidan
más a mí, yo soy solamente un científico”, señala
Fabián Jaksic. |
Cada país cuenta dentro de su soberanía con la
capacidad de explotar a su antojo los bienes naturales
que posee, obviamente respetando los tratados que
haya firmado, para generar la riqueza que le permita
desarrollarse. Estos recursos vienen a ser las acciones
de la nación, las cuales deben manejarse con inteligencia
para que generen rentabilidad, de lo contrario pierden
valor y el capital de un país es desperdiciado.
Esa situación es frecuente y desde el punto de
vista de la biodiversidad hay casos en que los países
ni siquiera conocen el capital que poseen, “al enfrentar
el tema en términos de bienes estamos ante una paradoja
frente a bienes desconocidos y bienes descuidados,
porque la humanidad no sabe qué es lo que tiene,
si consideramos a las especies como un bien que
genera un producto o nos da un servicio”, señala
Javier Simonetti, añadiendo que una de las crisis
que enfrenta la diversidad biológica es la pérdida
acelerada de científicos capaces de reconocer la
diversidad ya conocida, es decir sus procesos evolutivos.
Sobre la faz de la tierra se estima que existen
de 10 a 30 millones de especies, de las cuales se
conoce del orden de 1.4 a 1.9 millones, esa es la
magnitud de los posibles bienes y servicios que
ignoramos y a esta situación hay que sumar las especies
que se extinguen, las cuales nunca conocimos y en
las que perdimos un potencial desconocido.
Juan Armesto grafica esto a través de la situación
de los árboles tropicales, en los que se han hecho
estimaciones de cuántos insectos hay asociados a
sus copas. “Se han encontrado 400 especies de coleópteros
por copa de árbol, de las cuales entre el 40 a 50%
son específicas de una especie, si consideramos
que en una hectárea de bosque tropical hay más o
menos 200 especies de árboles, perder una hectárea
puede generar un impacto enorme”.
Sin embargo, no todos los ecólogos concuerdan
en este énfasis de priorizar el descubrimiento de
especies, el nivel alfa para Jaksic. El mismo director
del Centro Fondap de Ecología sostiene que estos
tres niveles deberían avanzar en paralelo, no en
secuencia, concentrando el estudio más en lo conocido
que en lo por conocer. “Sabemos que no hay más de
10 procesos ecosistémicos importantes que son desplegados
por una cantidad de especies que van entre uno y
diez millones, nos hemos preocupado de catalogar
especies y sin embargo no existe un catálogo de
los ecosistemas de Chile, cuántos tenemos, 10, 20,
30, con eso definido resta identificar quién es
el productor, el consumidor y los detritívoros y
luego empezamos a preocuparnos de qué hay que conservar
y qué es lo que está cambiando”, señala el científico.
Un
problema de recursos
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| “La clase política -señala Simonetti- vive de lo
urgente e ignora lo importante, porque si se
elaboró una ley de bases para el medio ambiente
el año ‘93, esa ley en grandes porciones es
absolutamente inoperante, porque 10 años después
han sido incapaces de establecer los reglamentos
que la hagan operativa, entonces me parece que
los legisladores no tienen esa cultura cívica
de hacer la conexión y pedirle a cuatro científicos
que les den una mano”. |
Pero, ¿cómo decide cada país qué conservar?,
¿Qué estudiar?, ¿Qué explotar?. No existen parámetros
establecidos para ello y lamentablemente el feedback
entre los investigadores, que manejan el background
para orientar las decisiones; el gobierno, que establece
políticas y normativas; y los empresarios, quienes
poseen el capital para invertir, no es muy fluido.
Según Simonetti, se esgrimen argumentos como
los beneficios tangibles, la belleza del paisaje,
o intangibles, como el control de la erosión. Pero
para hacerse una idea de la nueva visión que las
ciencias ecológicas le están dando a la biodiversidad,
en términos económicos los procesos ecosistémicos
equivalen a dos veces el PGB de todas las economías
del mundo por año, “o sea que si hubiera un mercado
y tuviéramos la tecnología para reponer esos servicios,
no seríamos capaces de pagarlos, entonces existe
más de un motivo por el cual mantener la biodiversidad”.
Es indiscutible el inmenso valor que hay en la
biodiversidad, sin embargo es necesario que esta
visión la conozcan todos los tomadores de decisiones,
desde políticos hasta el ciudadano común, para tomar
la debida consciencia de la importancia de su mantención.
Este es uno de los puntos más débiles para los
investigadores, que se observa no sólo en ecología,
sino en la mayoría de las áreas científicas, puesto
que la sociedad no llega a conocer la magnitud de
los estudios que la ciencia realiza, por tanto no
toma en cuenta lo que éstos puedan decir sobre una
serie de materias que incumben a todos.
Los investigadores están conscientes de esto
y asumen su parte de responsabilidad, “creo –afirma
Armesto- que nuestro impacto como comunidad es relativamente
pequeño sobre la sociedad, lo que en parte tiene
que ver con que los científicos hemos estado muy
encerrados en un ámbito académico purista desde
el cual no tenemos capacidad de llegar a la gente,
entonces hay que hacer un esfuerzo que no muchos
están dispuestos realizar”.
Durante los últimos años esta necesidad se está
considerando incluso en la comunidad científica
internacional, ya que en todos los países existe
la necesidad de que los científicos salgan de las
aulas para interactuar con los gobiernos, administradores,
empresarios y la sociedad en general, sobre una
serie de problemáticas importantes.
Debe considerarse que este “encierro” de los
investigadores responde también en alguna medida
a factores como la escasez de recursos disponibles
para hacer ciencia, ya que el presupuesto destinado
para esto en Chile es del orden del 0,6% del PGB
total. “El presupuesto de ciencia es absurdo y nosotros
hacemos lo mejor que podemos. Sería difícil hacer
la investigación básica comunicándola a nuestros
pares internacionales y luego de ello ir a las escuelas
y sesionar con los periodistas para que transmitan
nuestro mensaje”, señala Jaksic.
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| Juan Armesto, presidente de la Fundación Senda
Darwin y miembro del CASEB; y el Biólogo Molecular
de la Universidad de Santiago, Rodrigo Vidal.
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Algunos afirman que Chile tiene la ciencia que
se merece de acuerdo a los 5 mil dólares per capita
de PGB que posee. Entonces, una alternativa sería
esperar que ese índice aumentara para tener más
recursos, pero claramente las políticas que no pueden
esperar. Hoy es puesto en tela de juicio el manejo
de los dineros del gobierno por los conocidos casos
de coimas y sobresueldos, lo que hace que mucha
gente piense que esos recursos perfectamente podrían
ser utilizados en mejorar otras cosas y, por qué
no, la ciencia.
Fabián Jaksic menciona como ejemplo aquellas
entidades de gobierno cuya función está ligada a
ecología y medio ambiente. Organismos como Conama
(Corporación Nacional del Medio Ambiente) donde
no se busca la asesoría de expertos que certifiquen
las fiscalizaciones que se realizan, allí la ciencia
queda ausente. “Estamos en una especie de circo
pobre con grandes aspiraciones y creo que la única
esperanza es que Chile crezca y que la ciudadanía
aprecie que parte de sus impuestos se vayan a ciencia.
Existe mucha ignorancia en el tema, la empresa Gate,
de gestión ambiental y territorial, pagaba por evaluaciones
de impacto ambiental ficticias, pero como nadie
sabe lo que es un estudio de impacto ambiental qué
importa, así es como Chile califica su ambiente,
por lo tanto no me pidan más a mí, yo soy solamente
un científico”, argumenta Jaksic.
A pesar de esta mirada crítica, el Centro Fondap
de Ecología procura cumplir su rol intentando hacer
la interfase con la sociedad y llegar a la ciudadanía
a través de las instancias de gobierno, para dar
orientación sobre las decisiones que involucran
al medio ambiente y explicarlo en términos de “no
haga esto porque los ecosistemas funcionan de esta
manera y si usted elimina esta especie está eliminando
un actor importante que es el que produce una cierta
cadena de procesos y sin él este ecosistema podría
colapsar. En eso estamos y esperamos que los primeros
cinco años podamos tener una capacidad en términos
de poder decir que aquí hay cosas que son más importantes.
Por ejemplo ya estamos diciendo que más primordial
que el bosque puede ser un polinizador, cosas que
no son evidentes y que permiten dar valor agregado
a la biodiversidad, ponerle inteligencia”, enfatiza
el investigador.
En este sentido, el doctor Juan Armesto señala:
“me parece muy importante mostrar a la sociedad
chilena que los dineros que nos están dando son
efectivos y tiene importancia ya que nosotros podemos
contribuir en muchas áreas. Por ejemplo, en la capacitación
de los profesionales que trabajan en Conama o Conaf,
cuyo principal problema es que tienen un conocimiento
rudimentario de lo que es la ecología. La palabra
ecología y biodiversidad han salido del ámbito puramente
técnico y se han convertido en muletillas o palabras
de marketing. Yo creo que los administradores del
Estado no saben a quién consultar sobre problemas
específicamente técnicos de ecología y biodiversidad.
En este país existen esas personas y se ignoran
permanentemente”.
Por otra parte, el quehacer científico en sí
no asigna puntos en la evaluación del impacto por
comunicar a la sociedad la labor realizada, por
esto la mayoría se dedica principalmente a sus trabajos
y no dan tiempo para la interacción más allá que
con sus pares. “Lo mismo hace la clase política
señala Simonetti- la cual vive de lo urgente e ignora
lo importante, porque si se elaboró una ley de bases
para el medio ambiente el año ‘93, esa ley en grandes
porciones es absolutamente inoperante, porque 10
años después han sido incapaces de establecer los
reglamentos que la hagan operativa, entonces me
parece que los legisladores no tienen esa cultura
cívica de hacer la conexión y pedirle a cuatro científicos
que les den una mano, yo conozco colaboraciones
muy efectivas que terminan en nada y los académicos
se frustran y son cada vez más reticentes a repetir
la experiencia”.
Valor de la biodiversidad
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| “Si vas donde un empresario te preguntará tres
cosas: cuánto dinero, cuánto tiempo y cuánto
gana, con esas tres respuestas claras en cinco
minutos está listo e invierte enseguida, al
margen de que entienda lo que se va hacer”,
comenta Rodrigo Vidal. |
El desarrollo científico de un país tiene una
importancia que el común de las personas ignora
y que es de peso cuando nuestro país es evaluado
por las grandes instituciones internacionales. El
doctor Simonetti cita como ejemplo al Banco Mundial,
“el último informe le dijo a este país que invierta
más en ciencia y tecnología y le pidió especialmente
a la empresa pública y privada que lo hiciera”.
Y en este sentido, la inversión en ciencia y
tecnología puede ser un negocio muy rentable. En
el área biotecnológica hay variados ejemplos y es
un área accesible, ya que con una cantidad de recursos
razonable se pueden echar a andar empresas con éxito
prácticamente asegurado. Chile posee una biodiversidad
rica en oportunidades, como lo es el área forestal,
la salmonicultura y la minería.
Para Rodrigo Vidal el impacto económico que puede
producir la biotecnología en Chile es enorme y más
fácil de introducir de lo que se cree. “Si vas donde
un empresario te preguntará tres cosas: cuánto dinero,
cuánto tiempo y cuánto gana, con esas tres respuestas
claras en cinco minutos está listo e invierte enseguida,
al margen de que entienda lo que se va hacer. Con
ese mismo discurso vas donde un político, y él te
va a decir, cuánto se gana, cuánto empleo genera,
vamos a destruir algún ambiente, y si le explicas
que no, creo que eso engancha, que la biotecnología
puede ser eficaz a corto plazo. Aunque es más difícil
atraer con proyectos a largo plazo, porque hay que
ser muy consistente”.
La biotecnología y el manejo genético poseen
muchas herramientas para mejorar grandes negocios
a partir de la riqueza natural chilena. Vidal cita
lo que se puede hacer en el área forestal estableciendo
pedigree y cruces en los factores de selección para
mejorar los estándares de producción a partir del
genoma; lo que también es aplicable en salmones,
ya que por malformaciones es posible perder hasta
un cinco por ciento de la producción, lo que se
traduce aproximadamente en unos 300 mil dólares
que es dejan de ganar. “Si haces un estudio y una
selección tratando de buscar marcadores moleculares
que permitan mejorar cosas y discriminar los que
serán sanos antes de que crezcan, tienes un ahorro
significativo”, señala.
Esto es biodiversidad con valor agregado, en
donde los factores tangibles a corto plazo como
el económico, hacen que esto tenga significado para
la sociedad. Pero va más allá, según Simonetti,
es importante que la gente le otorgue valor conociendo
la diversidad biológica, dándose cuenta que allí
también existe un valor cultural y patrimonial.
Para Jaksic la valoración no pasa por convencer
a tanta gente, él afirma que la responsabilidad
primordial es del ejecutivo que se ha comprometido
en llevar la inversión en ciencia y tecnología a
niveles mejores y es a quien debiera preocuparle
si el lugar de Chile en el ranking bajó del 22 al
26, “por lo tanto la única esperanza que tengo es
que un poco de gente inteligente capte la importancia
que tiene estar en cierto lugar en el ranking en
términos del desarrollo del país. Por eso yo pienso
que todo se soluciona con más plata, subamos el
PGB de 5 mil a 10 mil dólares y la biodiversidad
va a estar estupenda”, señala el investigador.
Conclusiones
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| “La palabra ecología y biodiversidad han salido
del ámbito puramente técnico y se han convertido
en muletillas o palabras de marketing. Yo creo
que los administradores del Estado no saben
a quién consultar sobre problemas específicamente
técnicos de ecología y biodiversidad. En este
país existen esas personas y se ignoran permanentemente”,
apunta Juan Armesto |
¿Cómo hacer para que sean creadas las políticas
requeridas para que la biodiversidad juegue un rol
protagónico en Chile?. Es la última interrogante
a la hora de las conclusiones con estos cuatro hombres
del quehacer científico chileno.
“Nosotros somos la voz de los sin voz -señala
Jaksic-, los científicos que trabajamos en biodiversidad
somos la voz de las 300 mil especies que hay en
Chile, el problema es que no votan y nosotros no
alcanzamos a ser 300 votos, de manera que tenemos
muy poco peso. Lamentablemente en este país se confunde
la inversión con gasto, y cuando hablamos de lo
que se invierte en ciencia, nos referimos a cuánto
se gasta, que son 10 millones de dólares al año
por decir algo, del cual 9,9 millones se van a sueldos
y el 0,1 millones se van a consultorías, el dinero
se queda atrapado en las ramas de la burocracia
y nunca llega al suelo”.
“La única esperanza que tengo es que en la medida
que Chile se incorpore a los mercados mundiales,
donde las naciones más avanzadas nos imponen sus
propios estándares, va a tener que asumir esas mismas
normativas. En esos términos yo aplaudo todos los
tratados comerciales, porque nos obligan a incorporar
una cantidad de restricciones y de normativas espectaculares,
creo que nos merecemos que nos den lecciones porque
nosotros no hemos aprendido ninguna. Yo de Chile
no espero nada, pero si espero mucho de esta nación
chica que quiere jugar en las grandes ligas y que
se va a dar cuenta que aceptó un montón de normas,
porque aquí el que impone las reglas impone el resultado
y afortunadamente el mundo es bastante más desarrollado
que nosotros”.
Para Simonetti el país es demasiado pobre para
darse el lujo de ignorar su biodiversidad. En conocerla
y usarla puede estar la fuente del desarrollo y
el crecimiento, para llegar a niveles de calidad
de vida en que los ciudadanos puedan tener la posibilidad
de demandar vivir en ambientes de calidad. “Chile
no puede darse el lujo de ignorar su biodiversidad
si quiere desarrollarse, sea porque tiene los genes,
que tienen un enorme potencial para generar productos
o porque los servicios que presta inciden directamente
en su bienestar. Al decir esto no significa que
no podamos tocar la biodiversidad, hay que buscar
las soluciones adecuadas para desarrollar este país
aún con un cierto impacto sobre la biodiversidad,
debemos estar conscientes de ello y dispuestos a
pagar ese precio”.
“Lo que hace falta son voluntades, este país
no tiene la institucionalidad para que ello ocurra,
por lo tanto lo que hace falta es la decisión política
de actuar en esos términos. Chile tiene una comunidad
científico técnica pequeña pero competente, que
es capaz de ayudar decididamente en los diversos
niveles de desarrollo usando la biodiversidad pero
sin perderla, o perdiendo la sección menor”, continúa
el científico.
En sus conclusiones Armesto coincide con Jaksic
en ver más soluciones en las reglamentaciones del
mundo global que en las propias. “Lo que pase en
este país pequeño nos puede parecer intrascendente,
pero resulta que a escala de todo el planeta es
importante que hayan estándares internacionales
respecto a ciertas normas de uso. De manera que
el mundo globalizado me da cierta expectativa y
creo que vamos a tener que de alguna manera generar
mejores normas de uso, de manejo y medioambientales,
más inteligentes que las que tenemos ahora”.
A la hora de rescatar algo positivo de su labor
destaca el quehacer docente, porque “cuando tengamos
que hacer un manejo racional, sustentable, vamos
a necesitar profesionales bien formados, con buenos
cimientos de ecología, y nosotros los estamos formando,
capacitamos gente para enfrentar desafíos que son
del futuro y esa es una tarea en la cual el país
invierte poco, sin embargo es crítica porque estamos
tratando con el valor del patrimonio biológico del
país”.
Para Rodrigo Vidal las soluciones van por dos
caminos fundamentales, “primero formar profesionales,
como bioquímicos con una importante base en ecología,
pero no sostenidos en los individuos sino en los
problemas, de manera de poder interactuar efectivamente
con ecólogos sin serlo, eso es un plus enorme porque
ese profesional puede trabajar en cualquier especie
y finalmente producir algo, y trasformarse en un
productor de datos que interpretará junto a un ecólogo
o con un experto en biodiversidad”.
“Y en segundo lugar está el tema de la biotecnología
–continúa el investigador de la USACH-, donde hay
que interactuar y concientizar a más empresarios,
quienes por lo general se acuerdan de la ciencia
y la tecnología cuando ya tienen el problema encima,
pero es necesario difundir una visión de futuro
y poder generar alternativas biotecnológicas relacionadas
con la biodiversidad. En Chile los tratados comerciales
van atraer nuevas exigencias, que darán valor a
la diversidad de cada país y eso puede convertirse
en un plus comercial y ser a la vez el anzuelo para
pescar a los peces gordos”.
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