|
| Notes and interviews in the media usually are deleted from
their computer databanks after a short time. Here we reproduce
those notes and interviews as they first appeared, to keep
them as historical records of CASEB's outreach |
|
| 16. Note on Bozinovic, Palma and Smith-Ramirez research
in El Mercurio |
|
El monito del monte rompe récords
8 de abril de 2004
Es el
único mamífero que hiberna en Sudamérica y, además,
se le pueden trazar raíces prehistóricas.
|
|
|

Imagen
tomada del reportaje en El Mercurio
No
es primate y lo llaman vulgarmente monito; tampoco es
oso e hiberna más que ellos; no es un pájaro y vive gran
parte de su vida en los árboles.
Es el último sobreviviente de una gran familia cuyo origen
se remonta a decenas de millones de años atrás.
 |
Se trata del monito del monte, Dromiciops gliroides,
(Foto) uno de los cuatro marsupiales que
viven en Chile y el único más emparentado evolutivamente
con los de Australia que con los de nuestro continente.
Escurridizo para los científicos, sus misterios han
comenzado a develarse gracias a nuevas técnicas de
captura y al trabajo casi simultáneo de investigadores
de distintas especialidades, ávidos por conocer más
sobre este exponente de la biodiversidad del sur del
país.
Trampa para ratón
El monito marca presencia en los bosques entre Concepción
y Aisén, aunque también se encuentra en el lado argentino
por esas mismas latitudes.
|
Imagen
tomada del reportaje
en El Mercurio
|
Pero sus preferencias territoriales parecen ser más amplias.
El año pasado, mientras Eduardo Palma, biólogo evolutivo
del Centro de Estudios Avanzados en Ecología y Biodiversidad
(Caseb) de la U. Católica, trabajaba en un proyecto de
muestreo del ratón colilargo en la Reserva Nacional Los
Ruiles (cordillera de la Costa de la región del Maule),
un monito del monte cayó en una de las trampas para el
siniestro vector del hanta virus. Fue sorprendente, reconoce
el investigador, quien prepara una publicación sobre el
hallazgo.
Ya lo había visto su colega Javier Simonetti, de la Universidad
de Chile, un poco más al sur en la Reserva Nacional Los
Queules. Según Palma, se trata de antiguos remanentes
de una distribución más amplia, cuando los grandes bosques
no habían cedido terreno a la agricultura o al monocultivo
forestal.
Puede que haya más, pero mientras no se haga un muestreo
exhaustivo seguirá escabulléndose.
Justamente ese tipo de tarea es a la que está abocada,
cientos de kilómetros más al sur, Cecilia Smith, bióloga
e investigadora asociada del Caseb.
Los estrechos corredores de vegetación que crecen a orillas
de los ríos del valle central entre Cautín y Llanquihue,
ricos en biodiversidad, son un hábitat preferido por el
monito.
Cuenta que en los ríos Contra y Chirre, ambos afluentes
del Bueno, aparecen de 1 a 6 monitos del monte cada vez
que hacen un muestreo. E incluso cuando no los han avistado
aparecen fecas. "Los capturamos, pesamos y marcamos para
ver si los volvemos a encontrar", cuenta.
Tienen competencia. Varias rapaces, el zorro chilote,
el colo-colo, la güiña, el puma y hasta los gatos domésticos
lo incluyen en su menú. Sus agudos chillidos y minúsculos
dientes no le permiten una defensa muy sostenida.
No figura oficialmente como un animal en peligro de extinción,
pero los científicos están preocupados por su futuro.
Poco se sabe de sus costumbres, sus hábitos de convivencia
o sus modos de relacionarse.
Tras habilitar unas casas de madera como nido para pájaros,
un equipo de investigadores de la Universidad de Chile
encontró cuatro machos adentro. "Es extraño, porque debería
estar la familia; tal vez la hembra vive con los hijos
y el macho en algo como un departamento para solteros",
comenta Cecilia Smith.
De que reposan, reposan. Este año el Journal of Comparative
Physiology publicará el primer registro formal de hibernación
de un mamífero sudamericano. El honor corresponde justamente
al monito del monte.
Lo dice el biólogo Francisco Bozinovic, autor del estudio
junto a Mario Rossenmann y Griselda Ruiz.
Bozinovic, también investigador del Caseb, explica que
la hibernación es un episodio que puede durar una o dos
semanas y consiste en un estado profundo de sopor por
una reducción en su metabolismo.
El experto afirma que cuando un organismo hiberna, su
temperatura corporal baja de 37 a 10 grados. Además, reduce
su metabolismo de 5 ml de oxígeno por hora a sólo 0,1,
lo que implica una merma de 99%.
Ni los osos consiguen tal gracia, aclara Bozinovic. Un
pequeño mamifero de 40 gramos como el monito del monte
puede hacerlo porque la energía que requiere para recalentarse
es poca.
Recalentar 500 kilos
En cambio, lo que hacen realmente los osos, que pesan
entre 500 y 600 kilos, es bajar su temperatura corporal
4 o 5 grados, no más.
Explica que si un oso cayera en un estado de hibernación
equivalente a un pequeño mamífero, la energía que necesitaría
para recalentar 500 kilos sería más que la que probablemente
ahorró durante los meses de letargo.
Para estos largos períodos de inactividad los monitos
ahorran energía en sus colas, o sea, no son guatones sino
colones. Cuanto más gruesas, mejor aperados están para
su letargo.
Cuentan con una especie de sistema de autocontrol fisiológico.
Es decir, si la temperatura es cercana a cero se despiertan.
Algo así como un termostato.
Aunque hay sospechas de que los murciélagos sudamericanos
también hibernan, todavía no hay registros formales por
lo que el monito se mantiene, por ahora, firme con su
título.
Hace mucho tiempo
Las raíces del sorprendente monito del monte se hunden
profundas en el árbol genealógico de los marsupiales.
Ostenta el honor y la responsabilidad de ser el último
representante de los microbioteridos, grupo tremendamente
amplio en su diversidad cuando hace aproximadamente 65
millones de años aún existía parte del súper continente
de Gondwana, que estaba conformado por las actuales Australia,
Antártida y Sudamérica.
Análisis moleculares publicados en 1999 por Eduardo Palma
y Ángel Spotorno, de la U. de Chile, ratificaron todos
estos argumentos. El primero de los investigadores revela
que los fósiles de animales relacionados con este animal
se pueden encontrar hasta en plena Antártida.
|
|
|